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Un nuevo destino, lejos de lo que duele.

Era el atardecer de un sábado de mucho trabajo en el taller. Desde el portón se veía a lo lejos la playa. Los dedos manchados de grasa y con olor a gasoil sostenían el último cigarrillo del día, al menos en el taller. Pablo miraba hacia al mar y le festejaba -fingiendo- algunas ocurrencias de Ricky que estaba ordenando las herramientas y terminaba también su labor al grito de : – Ey Pablito! Ni bola me estas dando!- , y explotó una carcajada mientras se lavaba las manos con kerosene en la pileta del fondo.

Pablo apenas sonrió mientras exhalaba el último soplo de humo de ese cigarrillo que lanzó con su pulgar y dedo mayor hacia la vereda. Cerró el portón, despidió a Ricky y subió a la bicicleta hasta su casa cuando ya era la noche en Cerro Bajo. Cuando llegó se desvistió y se metió bajo la ducha. El agua caliente caía en su cuerpo liberándolo del trajín diario y al mismo tiempo le dio una sensación de claridad de pensamientos. Es decir varios eurekas en poco tiempo, encontró varias puntas de ovillos que enredeaban su mente en el último tiempo.

Muchos de esas ideas aclaradas, esos recuerdos de algún futuro imposible con Paula le dieron un baño literal de realidad, entonces se quedó un tiempo más bajo el agua caliente. Musitaba ideas y planes entre dientes mientras se secaba y buscaba qué ponerse. Había recibido varias llamadas de su amigo Federico para ir a tomar algo a Dallas, donde eran habitués.

En un par de horas y luego de dos cervezas de conversación con Federico Pablo ya había decidido todo. El plan era cargar sus cosas materiales indispensables, dejar la casa y el taller momentáneamente a cargo de Ricky y despues de un tiempo ver que seguía. – Necesito cambiar todo, el lugar, la gente, las caras, el trabajo, necesito irme de Cerro – le explicó de varias maneras a Federico que se mantuvo en silencio y respetando sus decisiones. El ya había pasado por esas sensaciones y lo entendía a pesar que su decisión había sido volver a Cerro.

Dos grandes valijas en el baúl, lo esencial para comenzar otra historia en otro lugar, quizás escapando, quizás cambiando la piel. Lo real es que no quería seguir agobiado en el aire de Cerro Bajo, aunque el supiera y entendiera que el problema no era el lugar. El problema era haberlo intentado todo con Paula, era sentir que si la extrañaba desde lejos, le dolería menos. Y se fue cruzó cada esquina camino a la ruta dejando miradas escrutadoras en cada lugar que al verlo le parecía que sería la última vez en verlo en persona. Hasta que visualizó el camino a la ruta y ahí aceleró con destino a su futuro en otro lugar, lejos de lo que duele.

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