Menú Cerrar

Te vi, sin haberte visto.

Hace unos días te soñé. Pero de una manera intensa, tan real que hasta pude sentir ese olorcito tan lindo. Podía apretarte los cachetes, tenerte en mis brazos, pude sentir tu peso, tu respiración y nuestras similitudes, esas que imaginé toda mi vida. Será que tantas veces te esperé – y aún espero-llegar que te me apareciste así, sin anestesia en un sueño. Dicen que la mente guarda muchas cosas, esos deseos que siempre están a flor de piel.

Puedo contarte que te vi muchas veces, te pensé e imaginé de todas las maneras posibles. Fui arquero de tus penales, fui timonel de tu barco, fui lector de cuentos nocturnos, y también fui el que intenta responder todas tus preguntas, como miles de otras cosas más que se te ocurran. Debo reconocer que algún tiempo no quise que vinieras, incluso lo evitaba, andaba ocupado en otras cuestiones y en momentos en los cuales no era oportuno que llegaras, me lo agradecerías hoy, creeme.

Con el paso del tiempo te seguí imaginando caminando conmigo, gritando algún gol, juntando ramitas para un asado y hasta haciendo deberes juntos. Lo que podría asegurarte es que finalmente te encontré una mamá genial, la que seguro podrá darte todo aquello que yo no pueda brindarte, es la indicada, te lo prometo. Podría contarte que ella hizo todo y más para que llegues, y te espera, te esperamos a que algún día nos completes, nos ayudes a ser mejores. Acá nosotros con los brazos abiertos, vení cuando quieras.

Otras publicaciones