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Segundos afuera

A menudo uno recurre a las metáforas para describir y comparar diversas situaciones que a simple observación nada tienen en común. Alguien dirá que nos valemos de esos recursos para hacer más claro nuestro relato.

El box es un antiguo deporte que consiste en enfrentar a un rival dentro del cuadrilátero, con sus reglas y tiempos determinados en un reglamento oficial. Desde el inicio han surgidos ídolos, grandes campeones. Muchos de ellos han trascendido al deporte, por virtudes y otros por vidas que fueron marchitándose entres excesos y escándalos con final de tragedia.

En nuestra vida existen peleas diarias contra algún rival, que puede variar, y me refiero a rival como algo a superar para lograr algún objetivo. Por momentos la pelea es permanente. En los primeros rounds aprendemos a conocer al rival, el terreno, las referencias del ring, a conocer la potencia de los puños de la vida, por eso vamos de a poco tanteando, gateando y dando los primeros pasos. La mirada atenta del entrenador desde el rincón, lugar donde están los afectos que nos fueron forjando día a día. Algunos enseguida comienzan a lanzar golpes al rival, al destino, a ese futuro incierto que nos preocupa. Son los que arriesgan, y los que ganan de entrada, un buen cross al mentón los acomoda para estar mejor parados en el combate que recién comienza.

Están los que especulan, y esperan el consejo desde el rincón, víctimas de la dependecia, algo que los enreda, los demora y complica. Recibe golpes inesperados, de los cuales se recupera y vuelve a intentar, con convicción para seguir enfrentando la pelea. Otros están pendientes del ring side, de lo que dicen de ellos, se distraen y se autocensuran, les afecta mucho el qué dirán, las fotos y comentarios de los espectadores y lo peor, van olvidando los consejos del rincón, de los que estuvieron siempre. Entonces ahí la pelea se complica, porque no es contra el oponente, es más difícil, es contra uno mismo. En ese momento que ya promedia la pelea y los periodistas comienzan a especular con las tarjetas, aunque entre nosotros, sabemos que estamos al borde del nocaut, seguimos adelante. De frente, con algunos cortes, golpes de variada intensidad que nos fue enseñanado lo fuerte que puede pegar la vida.

Miramos el reloj, por el rabillo vemos al rival que se nos viene al humo como toro embravecido, y ahí es cuando nos aferramos al tiempo de entrenamiento, de la formación de nuestros valores, esos que nos enseñaron en el rincón de los viejos, que te enseñaron a dejar todo, a perder intentándolo todo, que eso no es perder. Con el paso de los años se aprende que enseñan más las caídas, y las veces que nos volvemos a levantar, porque como dijo Ringo Bonavena: «Cuando subís al ring te sacan hasta el banquito».

Quedan menos rounds, el oponente viene confiado y pega donde sabe que duele, buscamos aire y piernas para aguantar y vamos con mucha energía y fe, tanta que cuando mirás al rincón que viene con trapo blanco les gritás : La toalla no maestro, rendirse está prohibido.

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