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Se dejaba llevar…

A Paula le costó bastante descorchar ese champagne que había comprado en el supermercado unos días atrás. Ella sabía que era para brindar con ella misma cuando lo considerara necesario.

Ya estaba totalmente adaptada a su nuevo trabajo en la recepción de la Clínica más importante de Cerro Bajo, comenzaba a armarse un nuevo grupo de amigos en estos últimos 6 meses y al mismo tiempo llevaba muy bien sus estudios en el primer año de Veterinaria.

Así que buscó una copa de la alacena y se sirvió el champagne que estaba bien frío y espumante. Elevó la copa y mentalmente brindó por ella, por superar diversas situaciones en ese primer año en Cerro, su adaptación a vivir sola fuera de su De la Garma natal, su buen rendimiento en la facultad, su independencia económica, algo que ella valoraba mucho.

Con la botella y la copa se fue un rato al balcón a disfrutar de una noche serena, una leve brisa de primavera daba de frente en su rostro. Un momento de real disfrute que se completaba con la playlist que escuchaba de fondo. Eran temas que ella ponía para sentirse plena, algunos los tarareaba y otros los cantaba a los gritos.

Al rato ya acostada en el sillón escuchando sus canciones pero ya sin champagne. Pensaba en nada, solo miraba el reproductor de la música y las fotos que tenía en portaretratos. En un momento creía escuchar una voz conocida, pero dudaba porque sentía que estaba ya bajo los efectos del alcohol. La voz era la de Pablo cantando canciones inéditas y que se las había agregado sin que ella supiera.

Pablo todavía está presente en sus pensamientos, aunque hayan pasado muchos meses sin verlo desde que se fue. Ella elige olvidarlo, pero es algo que aún le es imposible. Ella con el alcohol, su autocelebración se quedó mirando el techo, escuchando canciones de Pablo grabadas para ella que lejos de enojarse por escucharlo, se dejaba llevar entre su voz y sus recuerdos en común. Y se durmió con una leve sonrisa.

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