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que lindo es el olor a nuevo.

No era un viernes más, menos para el Garrita. Luego de una semana productiva en propinas en las frías mañanas haciendo malabares y varios meses buenos en ganancias, el pibe fue a la sucursal Cerro Sport y pidió el par de botines tan deseados. Todo el campeonato lo jugó con unas zapatillas ya gastadas, que al ser negras simulaban ser botines.

La realidad es que nadie lo notaba, y tampoco le impedía marcar diferencias dentro de la cancha. Pero el sábado era la semifinal frente al Deportivo San Gabriel, que representaban a Río Volga una localidad cercana y que en su mayoría eran descendientes de alemanes. La cuestión es que venían ganando cómodos los partidos previos y se veía venir la semifinal del Atlético frente al Deportivo. Todo el ambiente futbolístico de Cerro sabía que era un gran choque, a pesar de la corta edad de los protagonistas.

Garrita fue al café Galicia minutos despues del mediodía y antes que cierre el local donde había visto el par de botines. Don Cosme le había guardado su billetera para guardar los últimos billetes. El hombre sentía tanto orgullo por el esfuerzo del Garrita y su determinación para ahorrar peso sobre peso para su gran objetivo: esos botines Adidas.

Aunque el viejo fue parte importante al «prestarle» un monto para poder llegar al valor que necesitaba para comprarlos, por eso no pudo contener la emoción al ver la cara de ansiedad y felicidad por ir a la casa de deportes plata en mano. Cosme se identificaba mucho con el chico, cuando lo vio cruzar el portón de entrada, no aguantó y le dijo a Gustavo, su mozo de mayor confianza que le mire a caja un minuto y se fue hasta la vereda para seguirlo con la vista desde la puerta del café.

Garrita corría esas dos cuadras con la mano en el bolsillo donde había puesto la billetera, con el corazón galopante y ese temor lógico de perder eso que tenía en mente desde mucho tiempo atrás. El local de Cerro Sport estaba a mitad de cuadra y tenia unas vidrieras gigantes con camisetas de fútbol nacional e internacional, pelotas, modernos modelos de zapatillas, raquetas y ropa deportiva de las mejores marcas que el Garrita ya se las había aprendido de memoria, es que habían sido tantos días de verla a través de esos vidrios gruesos e impecables. Dio una pasadita visual para cerciorarse que ese bendito par estaba en el mismo rincón, se le dibujó una sonrisa aún más grande de la que traía.

Era todo un acontecimiento ingresar al local, lo primero que notó es que algún empleado lo miró de reojo, es que era la primera vez que ingresaba como un cliente más. Otra de las sensaciones que tuvo fue la de sentirse muy pequeño entre tantos productos, y ese olor a nuevo en cada rincón, se quedó un ratito mirando la silueta tamaño real de Messi, su ídolo, con la camiseta argentina. No resistió la tentación de pararse al lado y medirse. En eso se acercó un empleado y le dijo : «Pibe, ¿que andas buscando?».

Garrita le indicó el modelo pero dudó que número calzaba hasta que el vendedor dedujo y le dijo : «¿Cómo vas a pagar esto vos?», el pibe metió la mano en el bolsillo del jogging, sacó la billetera y le mostró los billetes «Con mis ahorros, tengo justo lo que salen», le dijo.

Cuando el empleado le dio el pie izquierdo para que se pruebe y se quedó esperando que el pibe lo chequee en la zurda, le quedó perfecto. El vendedor le dijo mientras estaba guardando el par en la caja y buscando una bolsa «¿Vos sos el famoso Garrita no? Ya te veía cara conocida. Tenés que ablandarlos un poquito». El pibe asintió sin quitar la vista a la bolsa, a la caja y a imginarse con la camiseta del Atlético en la semifinal.

Una vez que le pagó agarró la bolsa, se le infló el pecho y encaró la puerta principal de la gran casa de artículos deportivos en Cerro Bajo. Don Cosme, que a esa altura estaba viendo toda la escena escondido por los maniquíes de la vidriera, es que no quería que el pibe se quedara sin esos botines por nada del mundo.

Garrita al salir del local se sorprendió al verlo y exclamó: «Don Cosme, ¿pasó algo que dejó el café?, Al viejo le nació darle un gran abrazo y le dijo con la voz cortada que lo felicitaba por el logro. El pibe le agradeció y notó los ojos emocionados del hombre. «¿Por qué llora Don Cosme, todo bien?», le preguntó. «Si hijo todo más que bien, rompela toda mañana, voy a ir a verte», prometió.

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