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Mamá.

Siempre recuerdo las primeras sílabas que escribí por mi mismo en aquel primer grado en el Colegio Santa Lucía, en Florencio Varela en los primeros meses de 1983. La frase era Mi mamá me mima. Estaba en el libro Mi amigo Gregorio con el que literalmente aprendí a leer y a escribir. Hoy la recuerdo con un poco de nostalgia, a la frase y al olorcito a libro nuevo que guardaba junto al cuaderno Arte, las seis fibras Silvapen, lápiz y goma en la cartuchera. Todo en mi valija de cuero marrón. Irrompible por cierto.

Por otro lado me enfoqué en la frase Mi mamá me mima. Y hoy ya bastante crecidito le doy otro valor, otra perspectiva que no quita la contundencia de la frase. Actualmente le digo mi vieja, cuando hablo de ella con otras personas, pero a ella le dije, le digo y le diré Má, así con acento en la a.

Pasó el tiempo, rápido para mi gusto. Aunque creo que en los últimos años los días tomaron mayor velocidad. La cuestión es que siempre que les contaba la edad de ella a los demás me miraban sorprendidos, y sí mi vieja me tuvo a sus 19 años en pleno conurbano sur. En esa época se habían mudado mis viejos a conquistar una zona muy poco habitada y casi fundar la calle Río Dulce donde había poquitas casas.

A mi vieja le tocó quedarse en casa y ser mamá de 4 hijos, al año y medio nació Valeria, a los pocos años Laura y por último Gabriela allá en Ushuaia y comenzando los 90. Es que recorrimos varias ciudades, acostumbrados a ser los nuevos en cada lugar al que íbamos. La constante era ella siempre pendiente de todos nosotros en diferentes situaciones de la vida.

Hace tiempo que no la veo. Desde el verano. Y más allá que uno quisiera verla más seguido, o simplemente viajar a tomar esos mates con ella y charlar de cosas que solo hablo con ella. Por que con ella tengo mis códigos, diferentes a los que tengo con mi viejo. Y en estas fechas uno quisiera verla un rato, un abrazo de mamá siempre es un abrazo de mamá.

Porque pensar en mamá es el amor incondicional hacia los hijos, en algún caso rozando lo irracional, porque mamá te va a bancar en todas. Pensar en mamá es recordar seguirla a todos lados. Tanto que alguna vez siguiéndola me dio sin querer con el mango del bombeador de agua en un diente cuando yo tenía poquitos años.

Pensar en mamá es recordar los paños calientes en el pecho cuando uno se sentía mal, son las galletitas Manon en el bolsillo del guardapolvos, es recordar a una hincha fanática en cada cuando jugaba , para ella era una mezcla de Messi y Maradona, sólo para ella vale la aclaración.

Mamá es el pan casero, las empanadas más ricas del mundo, es la que te decía quedó pollo en el horno, la que se dormía tranquila cuando los grandulones de los hijos volvían a casa despues del boliche. Mamá es el abrazo cálido y con una gran sonrisa en cada reencuentro y el abrazo con algo de congoja en cada despedida. Pero sobre todo lo que más queda es el olorcito a mamá, ese que no modifica ningún perfume. Por eso deseo que puedas pasar un lindo día y espero poder llegar y abrazarte otra vez. Feliz día Ma! Te quiero mucho.

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