Menú Cerrar

Las Manon siguen siendo ricas.

La escena se repetía día tras día. El almuerzo a las apuradas con la madre taladrando a preguntas : – ¿Hiciste los deberes?, ¿ Llevas el diccionario?, ¿Te lavaste los dientes?. El hijo contestaba con monosílabos con la boca llena mientras guardaba el cuaderno Arte, la cartuchera con los Faber y las fibras sylvapen en el portafolios de cuero marrón indestructible, para qué mentir.

La madre, que le había puesto el paquetito de Manon en el bolsillo del guardapolvo, lo veía correr revoleando el portafolios hasta que en la esquina el hijo se subía feliz al colectivo naranja que manejaba el bueno de Juan, que era mucho más bueno cuando estaba vacío el asiento a su derecha. Era un privilegio viajar ahí,  hasta el Santa Lucía, colegio de curas del centro de Florencio Varela.

En pocos minutos el colectivo dejaba a todos esos alumnos en la puerta del colegio, donde esperaba la seño Silvia, de primer grado. Imposible olvidar esa sonrisa serena, llena de dientes muy blancos, un peinado muy elaborado y una paciencia infinita. Trataba a todos por igual, esa población tan heterogénea de sólo seis años.

En el pizarrón comenzaron a aparecer las primeras letras, sílabas “Mi mamá me mima”, y comenzábamos a aprender a leer. Al poco tiempo continuaban apareciendo todo el abecedario de la mano del libro “Mi amigo Gregorio”, un tigre simpático que acompañó a muchos en los primeros palotes en esto de leer y escribir. El patio cubierto era el mundo entero, no cualquiera lo recorría completo en los recreos, pero algunos se animaban a recorrerlo haciendo girar una cubierta de auto, otros jugaban e intercambiaban las figuritas de la época y las nenas jugaban con la soga o el elástico.

Con los años comenzamos a resolver problemas con la regla de tres, aprendimos a separar en sílabas – atentos en los diptongos -, y hasta nos enseñaron a redactar y leer en voz alta, para toda la clase y respetando los signos de puntuación.Y sin darnos cuenta las maestras fueron completando el trabajo de mamá y papá. Por eso es inconcebible que pasados tanto tiempo sigan siendo víctimas de un sistema que no prioriza la educación, pero ellas siguen cumpliendo esa tarea tan importante para todos esos niños que dejan cada papá y mamá en la escuela.

Otras publicaciones