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La casa

La casa estaba sola, algo alejada del casco céntrico de Cerro Bajo. En las afueras del pueblo, es decir que desde la plaza central se llegaba a divisarla en las partes altas, donde comenzaba la zona serrana. Era casi la última antes de llegar a la ruta que conectaba a Cerro Bajo con Tandil.

Todos en Cerro Bajo sabían que vivía alguien ahi, algunos sabían que era un hombre mayor y muy pocos tenían la certeza que en la casa vivía solo, y dos personas tenían el dato que era uno de los criminales más célebres de la historia de Cerro Bajo y alrededores.

Esas dos personas eran las que sabían exactamente lo que había hecho y quien era este hombre, incluso eran quienes se encargaban de la provisión de alimentos y de trámites varios. Era un compromiso que habían aceptado treinta años atrás. Porque nunca se lo vio salir, ni para darle de comer a los perros que siempre estaban en el patio, y que le ladraban a todo aquel que pasara cerca.

Como en todo pueblo, se tejían miles de historias, especulaban sobre quien era la persona que estaba en la casa, que siempre tenía las persianas bajas durante el día, pero en las noches se podía observar las luces encendidas. Como el mito se iba deformando, no había quien se animara siquiera a tocar el timbre y menos acercarse a la puerta a aplaudir para obligar a salir al anciano.

La casa se ocupó alguna noche de 1999, cuando cuatro personas dejaron al hombre en la casa después de un viaje desde el penal de Devoto, luego de 25 años de condena. Desde ese tiempo hasta la actualidad murieron dos de esas personas que habían trasladado al anciano.

Desde que parte del pueblo conoció algo de esa historia, dos generaciones de adolescentes planearon muchas veces acercarse y ver que era lo que había dentro de la casa, muchos iniciaron el proyecto pero la gran mayoría desistía por temores algunos y otros porque fueron descubiertos por sus padres antes de ir. Sólo una vez hubo algún tipo de señal de vida por parte del viejo, pero hubo tiros desde dentro de la casa. Desde ese momento se agigantó el mito, el temor y nadie se atrevía a acercarse. Pero alguien empezaba a planear el golpe para terminar con tanta intriga.

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