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La Argentina inmadura.

Siempre creí que las generalizaciones son injustas y las comparaciones son odiosas. Pero en nuestro país se repite una conducta en muchos de los argentinos. Es muy común esperar las soluciones de alguien externo a nosotros. Es como si estuviéramos esperando el paraguas protector, la decisión de alguien “superior”, para poder solucionar cualquier tema que nos aqueje.  A veces miramos a ese papá o mamá en cuestión como sostén, pero también, paradójicamente el culpable de todos nuestros problemas. Esto nos lleva a considerar que en general se adolesce de la capacidad de hacerse cargo de sus problemas.

Esta orfandad, se ve claro en la política, cuando ponemos todas nuestras esperanzas en líderes, que con el correr del tiempo se van transformando – culpa nuestra – en mesiánicos y en general se les aceptan excesos y errores. Cuando llega la frustración por la poca respuesta que se tiene de esos políticos, poco recordamos que cada uno de ellos logró estar en el lugar en el que nosotros, con el voto, le dimos. La inmadurez reside en primer lugar,en no asumir errores propios y en segundo lugar en cerrarse en nuestra propia creencia y sólo ver errores en la postura contraria.

En el deporte sucede algo similar, el fútbol es una muestra clara de ello. Generamos los ídolos, sea Maradona, Messi, Vilas, Riquelme o Gallardo, generadores de los mejores momentos cuando tienen éxito, pero los principales responsables cuando algo funciona mal. Y así vamos, cargándole una cruz al “mesiánico” de turno, depositando en ellos nuestras ansiedades y frustraciones, sin ver que todo es más complejo, que hay un contexto, una organización de trabajos, y un equipo en el cual deben apoyarse.

En los últimos días lo vemos claro con dos ejemplos del deporte, por un lado el fenómeno Maradona – con todo lo que eso implica- y su llegada a Gimnasia y Esgrima La Plata, que debe sumar muchos puntos para poder mantener la categoría. Más allá del golpe de efecto generado por el 10, se pierde de vista el mal trabajo que viene haciendo el club en las últimas temporadas, entonces se apela al realismo mágico que genera Maradona para tapar los errores de gestión de la dirigencia platense.

Maradona1

Un ejemplo contrario es el básquet argentino, que desde que organizó un plan a largo plazo, que podemos ubicar temporalmente en la creación de la Liga Nacional, la profesionalización en los entrenamientos, una coherencia en dirigentes, entrenadores y jugadores. Todo eso generó loque se conoció como ” la generación dorada”, integrada por una camada de extraordinarios jugadores, por nombrar algunos: Manu Ginóbili, Pepe Sanchez, Hugo Sconocchini, Fabricio Oberto, entre otros, como Luis Scola, que es el sobreviviente de los mejores momentos como fue la medalla de oro en Atenas o el subcampeonato en el mundial de Estados Unidos en 2002. Lo destacable en este caso es que con el paso del tiempo y el retiro de aquella generación, se mantuvo el plan y los resultados continúan en cuanta competencia participe el equipo.

generacion dorada

Quizás es más fácil tener un chivo expiatorio, buscar donde depositar nuestras frustraciones, luego de haber depositado nuestra fe en algún político o algún ídolo, que en definitiva son puestos en ese sitial por nosotros. Un buen ejercicio es hacerse cargo.

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