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El futuro retroactivo.

Hubo un disco de Soda Stereo, algo distinto a lo que venían haciendo. Era 1992 y el trío argentino estrenaba su flamante producción, denominada Dynamo y que sorprendió al público habituado a las producciones, algo más rockeras en los 80, del grupo liderado por Gustavo Cerati. Algunos se animaron a cuestionar la calidad de aquel disco. Pero esa es otra cuestión que no viene al caso. En ese disco una de sus canciones más conocidas fue Primavera 0, que contenía una frase en la letra que siempre me quedó en la mente. Recuerdos del futuro juntos.

En general uno tiende a rememorar, a recordar y repasar momentos de la vida que por alguna razón queda flotando en nuestra memoria, algunos son agradables y otros malos, pero están ahi siempre latentes. Existe también la nostalgia de algún futuro que no fue, eso que quedó trunco, que nos persigue y nos atrapa para recordarnos eso que sucedió a medias. Un futuro que quedó sin completarse, nadando entre cavilaciones, o por el devenir de la vida, por modificaciones en nuestras convicciones y elecciones del momento. El tiempo luego va ordenando cada cosa en su lugar, y entonces nos pone frente a nosotros oportunidades que perdimos, situaciones que elegimos el otro camino. Pero no siempre es negativo, porque también nos muestra las buenas opciones que tomamos en ese momento crucial, y eso nos da paz, nos tranquiliza.

Entonces pensé en cómo vemos el futuro en distintas etapas de la vida. Es un lugar común la idea que a los 15 tenemos toda la vida por delante. Y es así, pero ese mundo por delante es incierto, no tenemos iluminados todos los caminos, y a veces se torna un laberinto. A los 30 cambia nuestra percepción, somos otras personas, más seguras -no siempre-, en muchos casos con alguna carrera elegida y terminada, somos alguien en la vida, pero mantenemos incertidumbres para el futuro. La experiencia y lo que fuimos viendo nos indica que el futuro se pone más previsible, pero menos cómodo, con nuevas y diferentes responsabilidades. Hay quienes a los 30 siguen navegando entre decisiones no tomadas, especialmente en la búsqueda del desarrollo propio, tratando de responder una pregunta simple ¿Para qué soy bueno?, ¿ Eso me da un medio de vida? ¿ Qué será de mi el resta de mi vida?

A los 45 años gran parte de la gente se ha desarrollado en alguna actividad, ya sea comercial, judicial, periodística o la que sea. Ha conformado una familia, o dos. Cabe la posibilidad de haberse divorciado. Tuvo hijos y ya la preocupación por el futuro vuelve a cambiar y la pregunta muta a ¿Qué les dejo a mis hijos? ¿Seré un buen padre, les habré dado las herramientas correctas? ¿Qué será de este bendito país?

Y así va la vida, los años toman velocidad con el paso del tiempo, nos da la sensación que los minutos duran menos de sesenta segundos, como si nos estafaran año tras año y cuando caemos en la cuenta ya comenzamos a tomar la última curva. Con fe, sin miedos ya pero sabiendo que vivimos más de lo que nos queda por vivir, sin perder el hambre por lograr objetivos. Para los que vienen detrás. Nos encuentra a veces recordando también las buenas decisiones que fuimos tomando, y también esa nostalgia de futuro retroactivo, recuerdos de los que en ese momento era futuro. Cada uno sabrá si añora algún futuro trunco, si eligió el otro camino cuando la ruta de la vida presentó dos opciones.

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