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El fanático

Cada uno de nosotros en algún momento de la vida nos hemos topado con estas personas,que a simple vista son muy parecidos a todos, en lo físico, en las costumbres y rituales de cualquier hijo de vecino y persona normal. Incluso muchos son excelentes seres humanos, solidarios y hasta comprometidos con distintas causas. Por lo general los podemos ver en nuestros grupos de amigos, en grupos de pertenencia, leáse: el gimnasio, la escuela, el trabajo o el club. En general uno ya los tiene individualizados y cuando son amigos personales ya conocemos en qué punto la conversación se desmadra, porque el fanático es monotemático, y casi siempre termina en ásperas discusiones que nunca conducen a nada, principalmente a algún acuerdo. Esto se deba a que el fanático no acepta opiniones contrarias, y en el peor de los casos termina atacando a aquel que se anime a presentarles sólidos argumentos para refutar su idea, eso descooloca la fanático, lo muestra ciego y sin recursos para, racionalmente, sostener una discusión.

En la irracionalidad reside el talón de Aquiles del fanático, que vive mirando la vida a medias, y con el tiempo termina viviendo dentro del mundo de la comodidad, esa que le calma su necesidad de acomodar el mundo a su antojo, a su criterio. El peligro, reside en la involución permanente del fanático, en la posibilidad de construir una trinchera, detrás de la cual va acomodando todo el bagaje argumentativo en favor de sus ideas, y su mundo se vuelve más pequeño, más cerrado, más pobre. Esto se puede ver en televisión, lugar donde abundan programas de polémicas y la frase más repetida es «Dejame terminar!, con las venas hinchadas del emisor.

Lo paradójico es que el fanático, muchas veces son personas inteligentes, formados intelectualmente, y hasta honestos. Pero sucede ese quiebre, ese tema en el cual se fanatiza, y puede ser política, futbol,religión. No por nada son los temas «prohibidos» en reuniones familiares. Algo que es totalmente inadmisible, la idea es superar las diferencias, aprender a bancarse otras opiniones, sin la tentación de descalificar al interlocutor, en contrario intentar promover la escucha, intentar al menos tomar en consideración, sin prejuicios, los argumentos, las ideas y posturas del otro.

Seguramente habrá que apelar a la humildad, esa característica tan escasa entre los fanáticos, pero al mismo tiempo tan necesaria. En fin, hace falta el ejercicio del diálogo sincero, y poner énfasis en la escucha, además de tratar de conocer y aprender de los temas a discutir. Nada más irrefutable que los datos fríos. Lo que viene después son interpretaciones subjetivas de cada uno, pero habrá que intentar. Por menos fanáticos, y más tolerancia.

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