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El éxito y el fútbol, una relación complicada.

El fútbol al igual que otras disciplinas está poblado de muchos axiomas, de leyes no escritas que afirman ideas que se van consolidando en el inconsciente colectivo de sus seguidores. En este grupo encontramos a los jugadores, técnicos, periodistas y a los hinchas, cada uno con su parte de protagonismo.

A simple vista y sin necesidad de sesudos análisis se puede apreciar que el sólo hecho de llegar a ser un jugador profesional es un gran mérito, han superado a los miles y miles que intentaron ese objetivo. Pero eso no alcanza para los exitistas. Además de jugar en primera división, es necesario jugar en alguno de los equipos grandes, eso tampoco conforma a los exigentes espectadores de camisetas retro apretadas. Porque es necesario jugar en Europa para acceder al prestigio de «los que juegan en el extranjero». Luego nos damos cuenta que falta algún escalón pendiente : jugar en la Selección Nacional, ahí finalmente un jugador comienza a ser visto de elite. Pero para el televidente que nunca pierde falta algo más, jugar y ganar algo con la celeste y blanca.

Así han pasado generaciones de excelentes futbolistas argentinos desde el último título conseguido en México 86 con Bilardo, Maradona y compañia.

A partir de ahí pasaron cientos de jugadores de primer nivel y varios técnicos de renombre, entre ellos Alfio Coco Basile, en rigor el último en levantar un trofeo oficial. El resto han visto pasar torneos sin poder lograr imponerse en varias finales, y obviamente tampoco alcanza, el éxito en el fútbol es ganar, ganar y ganar.

Hay dos rosarinos, y de Newells que desde siempre estuvieron en el centro de las críticas de ese grupo de hinchas invictos y que sólo se conforman con títulos ganados. El primero es Marcelo Bielsa, entrenador a comienzos de los 90, con su exitosa primera etapa con el rojinegro, ex jugador del club, discípulo de Jorge Griffa y totalmente identificado con los de Parque Independencia, alcanzó la final de Copa Libertadores donde cayó frente al San Pablo de Telé Santana. A nivel local había ganado el torneo 1990-91 y el Clausura 1992 y luego en su paso por Velez se quedó con el Torneo Clausura 1998, venía de trabajar en México al frente de Atlas y el poderoso América. Y luego llegó el momento de hacerse cargo de la selección argentina.

Siempre fiel a su estilo, de un esquema quizas previsible, pero transparente, casi mostrando las cartas al rival. Todos sabían como jugaban los equipos de Bielsa, pero de todos modos logró una clasificación sin sobresaltos al Mundial Corea-Japón en 2002. Hay que decir que llegó como uno de los principales candidatos junto a Francia, en ese momento Campeón mundial vigente con un Zidane aún joven. Pero Argentina ni los galos pudieron pasar la primera fase, se volvieron sin clasificar. Drama, todos los argentinos perplejos, casi sin reacción frente a uno de los fracasos más grandes en la historia moderna del equipo nacional. Aquí es donde hay que analizar términos tan extremos como éxito y fracaso.

Por un lado la gran frustración de volverse antes de un mundial, el peor de los pecados según los hinchas tan exitosos cerveza en mano, y por otro la renovación de su contrato con AFA para continuar el vínculo como DT un período más. El propio Bielsa considera este hecho como su mayor logro como entrenador, que sea renovado su contrato luego del fracaso en tierras orientales. Para sus detractores será siempre un fracasado por aquella eliminación.

La historia del rosarino en la Selección tuvo un éxito poco valorado por estas tierras, con gran nivel de juego y un Carlos Tevez goleador ganó por primera vez la medalla de oro en los Juegos Olimpicos de Atenas en 2004. Poco tiempo después alegó quedarse sin energía y se fue, renunció al cargo de entrenador nacional. Reapareció un tiempo después al frente de la selección de Chile, donde tuvo trascendencia y ascendencia con los futbolistas, los marcó, dicho por ellos, les cambió la mentalidad con la que venían jugando.

Al tiempo su carrera continuó en el Athletic de Bilbao, provocó un gran impacto en el equipo, con los hinchas y accedió a una final de Copa del Rey frente a Barcelona de Guardiola y Messi, quizás su mejor época. Luego recaló en el fútbol francés, primero en Marsella y luego en el Lille, con poca trascendencia en general, pero dejó su impronta. Y en estos días está a punto de lograr el ascenso a la Premier al frente del Leeds United, es su segunda temporada buscando poner a los blancos en la elite del fútbol inglés.

Están los que le festejan todo y lo defienden de todo traspié y aquellos que están esperando que no logre el objetivo para tener algún argumento más para sostener que «Nunca ganó nada». Cuando uno escucha testimonios de sus ex dirigidos muchos devenidos en entrenadores exitosos, hay una coincidencia casi unánime, es el Dt que más le dejó, el que los mejoró en sus carreras. Entonces una pregunta que surge es ¿Qué es ser exitoso? ¿Qué es no ganar nada? Brindisi alguna vez dijo que su objetivo siempre fue dejar algo por todos los lugares donde le tocó jugar o dirigir.

Creo que Bielsa eso lo cumplió más allá de los éxitos deportivos. Muchas veces ha sido cuestionado o criticado por haber optado a comunicarse con los periodistas sólo en Conferencia de Prensa y no dar notas en exclusiva. Hay que reconocer que en su manera de explicar quizás se exceda en la búsqueda de términos que descolocan a alguno que no comprende. Ah, y sus equipos siguen atacando con voracidad, a veces descuidando la defensa, pero Bielsa juega frontal, con su verdad, no sabe especular, juega como lo siente, aunque varias veces peque de terco.

El otro rosarino cuestionado es Lionel Messi, pero eso es otra historia, pronto nos ocuparemos de el.

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