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Demasiado ego

El vestuario de Boca siempre fue un lugar donde abundaron los egos. Un club tan importante, acaso el más grande de América es habitual que grandes talentos convivan campeonato tras campeonato. Es un clásico escuchar frases como «En Boca todo se potencia, lo bueno y lo malo» o «Boca es Deportivo Ganar», que pueden sonar exageradas pero son verdades que se fueron consolidando con el paso de los años.

Se cumplió el primer año de la nueva gestión encabezada – aunque parezca una redundancia- por Jorge Amor Ameal, Mario Pergolini y Juan Roman Riquelme, uno de los mayores ídolos de la gran historia xeneize, que hasta aquí tiene un enorme apoyo de los hinchas y en particular de los socios quienes decidieron por el 10 para desbancar a Daniel Angelici , impidiendo un tercer mandato del espacio político macrista en Boca.

Y el club a partir de ahi logró algo de paz, y mucho tuvo que ver en eso la elección de Miguel Angel Russo para volver al banco de Boca. Su experiencia para amalgamar grupos aportó tranquilidad que permitió alzarse con dos torneos de tres en los que compitió en 2020. Hasta pudo arrebatarle un torneo local a River en el último suspiro con gol de Carlos Tevez al Gimnasia de Maradona. Fue una de las últimas tardes de emoción grande en la Bombonera previo a la pandemia de coronavirus.

Pero desde hace mucho tiempo lo que obsesiona la club es ganar la Copa Libertadores. En 2007 fue el último triunfo en el torneo continental y casualidad o no era dirigido por Russo fuera de la cancha y por Juan Roman Riquelme adentro. Eso sumado a un Tevez que se venía mostrando muy recuperado en su nivel futbolístico, acaso el mayor aporte de Riquelme y la nueva dirigencia para recuperar al otro gran ídolo.

La derrota sin reacción ni rebeldía en semifinales con Santos en Brasil desató una gran cantidad de idas y vueltas que terminaron por salpicar a todos: jugadores, cuerpo técnico y al mismísimo Román.

Fueron días de shows mediáticos, rumores de división, declaraciones de los protagonistas que sólo generaron un ambiente inconveniente para un momento duro por la eliminación en la Copa, pero que no dejó tiempo para valorar los dos logros conseguidos euras del en el año. Ex jugadores, jugadores actuales, periodistas partidarios, figuras del equipo, miembros del Consejo de fútbol Marcelo Delgado, Jorge Bermudez y Raul Cascini todos aportaron para una pelea interna que se viene gestando desde hace mucho y el combate de fondo es Riquelme vs Tevez, o Macrismo vs Kirchnerismo. Si, cansa ya la grieta, y más cuando se mete en una institución como Boca Juniors. No es novedad que se alborote la vida del club ante una derrota. Lo que llama la atención en este caso fue la manera de quedar eliminados, una presentación de lo más apática en tierras brasileñas.

El futbol es tan vertiginoso en cuanto a competencias que la rueda vuelve a moverse y nacen nuevas esperanzas, se encienden las expectativas mientras Russo intenta maquillar un equipo que gana pero no convence ni a propios ni a extraños. Habrá que ver si el crack mayor, hoy vicepresidente segundo a cargo del futbol puede gambetear este moemento y meter una pase en cortada a Tevez para poder dar un broche a su carrera con una nueva Copa Libertadores y comenzar la Era Riquelme, pero manejando las riendas de Boca. Hasta aquí hubo tensión y desmanejos por todas partes, pero lo que abunda en Boca es el autoestima. Demasiado ego, diría.

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