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Cumplimos años. ¿Crecemos?

Con el paso de los años, el tiempo va menguando la intensidad de algunos eventos, o quizás sea que a mi me pasa con algunos temas en particular. Y cumplir años es una de ellas. Personalmente celebro, obviamente que comience un nuevo año calendario, una nueva vuelta al sol, como escucho que se dice últimamente.

Cumplir años es, sin proponérselo, una puesta en valor o una manera de ponernos frente al espejo de los balances personales. Entiendo que a cada cual le pega a su manera. En lo personal me sucede que al verme en ese espejo, veo en primer lugar y certifico el paso de los años a veces, otras soy más benévolo y encuentro a alguien todavía joven. Pero las preguntas más difíciles de contestar van por dentro, las que ningún espejo puede denunciar.

Son esas que uno sabe que están en nosotros, como orgullo por haberlas conseguido, como presión por no haber conseguido aquellos objetivos que tuvimos y tenemos pendientes. Siempre hay pendientes. En la actualidad uno espera recibir un nuevo año rodeado de gente que lo quiera a uno, esas que te bancan incondicionalmente, ¿son pocas? puede ser. Pero están. En lo demás uno ya no pretende grandes festejos, no está pendiente de grandes regalos.

Uno aprende a darle valor a lo importante, a dormir con la conciencia tranquila y tratando de no joder a nadie. Recuerdo que muchos años atrás eran diferentes nuestros festejos de cumpleaños. En primer lugar eran de local, en casa. Nada de peloteros ni salones de fiesta. En los buenos tiempos se podían ver botellas de Coca Cola, Teem, algunas Crush de naranja, todas en sus envases de vidrio y de litro, las tortas las hacían las mamás del amiguito en cuestión. Cada uno con su gorrito con el respectivo elastiquito debajo de la pera. El cumpleañero con el bonete y al final una piñata donde se dejaba todo por agarrar unos caramelos y unos juguetitos de poco valor, el objetivo era no dejar que los agarre otro. Como que la piñata mostraba como éramos, los ambiciosos eran capaces de empujar a los otros para lograr el objetivos, estaban los que sólo observaban de lejos, otros terminaban llorando y algunos ni se acercaban al ritual.

Los regalos más repetidos eran la colonia Pibes o Paco, algún libro de la colección Elige tu propia aventura, los más generosos regalaban autitos o un play móvil y nunca faltaba el que aparecía con un slip celeste. Unos de mis mejores recuerdos de cumpleaños fue cuando cumplí seis, por la torta con la canchita de futbol y jugadores de Boca y River, además de haber recibido la camiseta xeneize con el número de cuerina estampado. Espero que queden muchos más cumpleaños de acá en más o también podría desear que cada año pueda celebrar haber aprendido más cosas esenciales para intentar ser una mejor persona. Con eso estamos bien.

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