¿Cuándo comienza un sueño?

En los primeros minutos del día laborable, ese que se entiende que comienza con la actividad de la ciudad, pasadas las 7 y los primeros trabajadores comienzan a llegar a las fábricas, a los depósitos, los colegios y algunos otros parten en sus autos hacia el frigorífico y el parque industrial que están desde el otro lado de la vía que divide en dos a Cerro Bajo, la mayoría viven en esos barrios y deben cruzar toda la ciudad. Así que es paso obligado tomar la calle principal para alcanzar la ruta hacia sus lugares de tareas.

Un auto se destaca en la caravana, BMW, último modelo que cada mañana para unos segundos en la esquina principal, donde está el café de Cosme que le tiene preparado en un vaso térmico un café con leche doble y muy caliente como lo prefiere Ander Etchebarne, aunque toda la ciudad lo conoce como el Vasco. Al llegar al café casi no llega a deter su marcha que se acerca presuroso desde adentro del local un nene de unos 11 años, que le entrega el café con leche y dos medialunas. «- ¡Buen día Garrita! ¿Por qué andás tan desabrigado? Muchas gracias!, El vasco saluda, aconseja y le da una propina al pibe que agradece, guarda la propina en el bolsillo de su pantalón – el diálogo sucede en menos de un minuto- y vuelve inmediatamente al Bar Galicia.

Es que cada mañana el Garrita llega minutos antes de las 7 cuando Don Cosme abre el local al público, entonces aprovecha para desayunar con dos medialunas rellenas. Cosme se dio cuenta que el Garrita necesitaba algó más que la propina que se ganaba haciendo jueguito cada mañana en el semáforo de la principal esquina de Cerro Bajo.

El pibe va todos los días, llueve, nieve o truene a hacer destrezas con la pelota. Muchos le dan propina porque realmente la habilidad del Garrita es extraordinaria, un malabarista. Y Don Cosme, que siempre estaba hablando de fútbol y entendía bastante, no se quedó obnubilado por la habilidad del chico. Lo que conquistó al viejo fue la persistencia de ir todos los días y tan temprano a buscar la moneda diaria antes de volver a su casa para bañarse y comer algo para ir a la escuela.

Cuando vio todo ese esfuerzo le propuso a cambio de ayudarlo a acomodar algunas sillas y levantar las mesas del día anterior un buen desayuno diario porque para él está «falto de olla», en realidad no significaba un trabajo real, era una intención del viejo de generarle el hábito de la responsabilidad en el horario y darle techo en las mañanas de lluvia que se la pasaba en el semáforo.

Juan Ignacio Lopez es el verdadero nombre del Garrita, apodo por el cual todos en Cerro lo conocen. Tiene once años recién cumplidos, vive con su mamá Florencia en el barrio El alejado, que debe su nombre a que se ubica a unas 30 cuadras aproximadamente del casco céntrico. Florencia además de Juan es madre de Martin y Marcos, gemelos de 3 años. Ellos son medio hermanos del Garrita y conviven con su madre y su pareja Miguel Artime, carpintero, muy trabajador pero muy mal llevado, a veces violento.

Por eso desde que nacieron los gemelos, Juan se queda casi siempre en la casa de su abuela materna, Ester que le abre la puerta para ir a jugar y vive a dos cuadras de la escuela y a cinco del Club Atlético Cerro Bajo, donde el Garrita comenzó a demostrar su habilidad con la pelota. Esa es una de las razones por las cuales todo el mundo futbolístico de Cerro y la zona hablan del flaquito zurdo al que no pueden sacarle la pelota y que juega igual al padre.

Su apodo no es casual, el Garra es un emblema del Atlético y para muchos Juan es hijo no reconocido de Darío El Garra Ortiz, histórico mediocampista central que pasó por el albiazul y que se le perdió el rastro. Un tema tabú, pero al Garrita nada le saca de la cabeza el sueño de ser jugador profesional cueste lo que cueste. Según Don Cosme : » Este pibe tiene personalidad, para la vida para el futbol», y ahi va persiguiendo su destino este pibe de apenas once años y con todo un mundo por construir. ¿Lo logrará?

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