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charlas a través del espejo

Había estado algo extraño durante todo el día, Ricky le proponía temas a conversar mientras revisaba motores, lo trataba de decodificar pero no pudo, Pablo en algo anda, o algo le pasa pensó y ya se enfocó en sus tareas sibando bajito. Sólo se dirigió a Pablo con un saludo a la distancia levantando una mano con una llave francesa al ver a Pablo salir del taller recién bañado.

Dejó el auto porque tenía ganas de caminar un poco, era tiempo de ir a ver a Luis Basterra, el peluquero de toda la vida. La idea era cortarse el pelo, pero Pablo iba a pedir alguna opinión de Luis, a quien valoraba mucho y no por sus habilidades con las tijeras y las navajas, el lo conocía desde antes de nacer, porque a Pablo lo llevaba su papá Horacio hasta que falleció, pero Pablo continuó como cliente/confidente.

Se prendió un cigarrillo, se acomodó la bufanda y partió rumbo al centro. En el camino iba saludando a los comerciantes, a muchos de ellos los conoce de toda la vida y, hay que decirlo, Pablo es una persona muy querida por sus cualidades y también por su padre. Apuró sus pasos y llegó a la peluquería Aries.

Al entrar al local vio que estaban ocupados dos de los tres sillones, en el primero había un chico con el peluquero más joven que estaba haciendo sus primeros cortes, en el del medio estaba Oscar, socio de Luis desde que abrieron, casi finalizando un corte y en el último estaba de espaldas Luis, en una rara contorsión y con la lengua afuera concentrado por cortar un par de rulos del joven cliente. Pablo entró con un :»¡Buenas tardes!», que Luis conoció al instante.

Dejó la tijera, el peine y la navaja y se abrazó con Pablo de maner muy afectuosa : «¡Cómo estás querido!, siempre esa pinta vos, igual a tu viejo la puta madre»!, le dio dos palmadas en la mejilla y lo invitó a sentarse que le faltaban uno 10 minutos para terminar, porque Pablo se cortaba sólo con Luis. Oscar ya ni se molestaba en ofrecerle el sillón cuando no tenía cliente, así que terminó y fue a poner la pava mientras terminaba Luis.

Pablo comentó algunas generalidades del tiempo en que no estuvo yendo a la peluquería. Mientras revolvía las revistas buscando las deportivas para hojearlas sin leerlas, se puso a ver con atención las paredes del local, pobladas de fotos de entre otros, Goyeneche, Gardel, Pugliese, algunas formaciones del Atlético, otra foto de Luis abrazado a Ringo Bonavena cuando visitó Cerro Bajo a mediados de 1975, poco antes de ser asesinado en en Estados Unidos. Pablo se quedó mirando ese cuadrito en particular, al ver eso Luis que ya había terminado con el cliente anterior exclamó mate en mano : «¡Que fenómeno fue ese loco, todavía no puedo creer que haya venido a la peluquería!»

De repente se armó una ronda de mates entre los tres hablando de temas triviales, como los resultados del último domingo, gastadas mutuas. En la peluquería Aries los temas predominantes eran el futbol local y nacional, el boxeo y el tango. Pero Luis es un tipo que a pesar de sus años siempre está innovando en cuanto al cobro y a sus habilidades de redes sociales y demás, eso no lo alejaba de sus gustos de toda la vida. Entre mate y mate, Luis captó que Pablo no sólo iba a cortarse el pelo esa tarde, así que le dijo a Oscar que vaya nomás que el terminaba de atender esa tarde con el pibe, «total queda una hora para cerrar, aprovechá» le dijo en una mezcla de orden y sugerencia que Oscar tomó de buena manera.

Después de barrer rulos oscuros, canas lacias y algunos pelos rubios, Luis le hizo un ademán a Pablo para que ocupe el sillón se acomode. Le puso una toalla debajo del delantal que ató a su cuello y mirándolo a través del espejo y le dijo : » A ver Pablito, ahora sí contame que pasó con la piba»

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