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Cambio de planes

Paula deambulaba por su departamento. Iba y venía de una habitación a la otra, revolvía ropa que tenía en dos placards. Combinaba prendas frente al gran espejo. Así estuvo por más de media hora sin decidirse cual era la vestimenta final. Cuando vio el reloj se sorprendió y se apuró para poder llegar a tiempo. Siempre recordaba esa frase : No hay segundas oportunidades para una primera impresión.

No habían sido buenas las últimas semanas para Paula. Desde aquel hecho confuso de los besos gusto a Malbec con Julieta su gran amiga y la despedida ¿Para siempre? con Pablo que había abandonado Cerro Bajo. Eran varios los frentes a cubrir por ella. Además tenía que reconfigurar su estadía en Cerro porque había recibido malas noticias de sus padres desde De la Garma.

Nada grave, sólo que si quería continuar estudiando Veterinaria debía afrontar sus gastos de alquiler y lo que implicaba vivir fuera de la casa de sus padres. Pero ella estaba decidida a continuar estudiando y trabajando, no le asustaba eso. Así que ese jueves por la mañana ajustaba detalles de su maquillaje, su peinado y su vestimenta. Estaba a media hora de presentarse a una entrevista de trabajo en una de las empresas del Vasco Etchebarne, que era propietario de las cuatro empresas más importantes de Cerro.

Unos minutos antes de que sean las 10 de la mañana Paula ya se encontraba sentada en una especie de sala de espera. Eran una par de sillones blancos muy cómodos. Es obio que Paula no pasaba desapercibida nunca, incluso con su look sencillo, simple siempre atraía las miradas de los hombres y las mujeres. En la misma situación que ella había dos jovenes aspirantes más al puesto de recepcionista de la clínica más importante de Cerro.

Mientras iban pasando las otras postulantes ella repasaba algunos tips para la entrevista. Estaba segura de si misma pero era una experiencia que todavía no había transitado. Un hombre joven alto y de voz grave le preguntó si estaba para la entrevista y la hizo pasar a la oficina. De repente sintió mucha inseguridad, le transpiraban las manos, por dentro creía que no podría afrontar esa situación.

El jefe de Recursos Humanos le había pedido que lo espere un minuto porque debía buscar algo. Ahí quedó sola en la oficina y comenzó a observar todo. Estaba impecable, todo muy pulcro. Sólo había dejado en el escritorio su carpeta con su Currículum Vitae y alguno papeles de rigor. A los pocos minutos sintió un perfume que le impactó, era quien la entrevistaría. Ella pensó que no sería conveniente la conexión que sintió al momento de responder las preguntas típicas del inicio de la charla formal mientras miraba esa sonrisa que la había cautivado al consultarle: «¿Sos de De la Garma? Mirá que casualidad». Ella asintió y continuó la entrevista mucho más relajada. Al salir lo hizo con una gran sonrisa y esperanzada de quedarse con el puesto en cuestión.

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