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Asumir responsabilidades es para valientes

El partido comenzó como todos lo preveían. El Garrita manejando los hilos del Atlético, dejando rivales en el camino con mucha facilidad y mostrando su habilidad que justificaba las exageraciones de aquellos que lo conocían bien. Pero enfrente estaba el Deportivo San Gabriel, que necesitaba ganar para clasificar.

Eran diez jugadores muy ásperos, muy intensos que castigaron bastante a los locales. La contrafigura del Garrita era El Tita Bohn, un alemancito que jugaba con una trenza rubia cortita. Cosa seria también, habilidoso y goleador; tanto que a pesar del dominio de Atlético, en un ratito los visitantes estaban 2 a 0 arriba en el resultado por dos escapadas del Tita que amargó a los padres y amigos de los chicos locales.

El segundo fue otra cosa, Garrita jugó el partido de su corta vida, anotó rapido el 1-2 y fue imparable hasta el final del encuentro. Ahí fue un monólogo de los dirigidos por el Gordo J, que iba y venía al lado de la cancha con una botella de agua. Daba indicaciones, realizó cambios, les daba ánimo, los apoyaba.

Sabía que con el empate alcanzaba. Pero la pelota no quería entrar, Garrita dejó solo frente al arquero al Torito Sanchez, un centrodelantero tesonero que no daba ninguna pelota por perdida, pero esa mañana no estaba fino. Una al palo y la otra al estómago del aquero visitante, que se había tapado todo como nunca. Pasaban los minutos y el Garrita sentía que debía definirlo el, o aunque sea un gol que los clasifique.

Cuando sólo faltaban dos minutos, según los dedos gordos del DT en el aire que veía desde el otro lado de la cancha. La pelota le cayó cerca, la dominó con una pisada, miró el área y encaró, superó a dos rivales y ya estaba entrando al área penal, la pisó y desairó al penúltimo defensor , le quedaba uno y ya iba al gol cuando sintió un fuerte golpe en el tobillo y cayó cerca del área chica, quedó aturdido por el enérgico silbatazo del árbitro que había cobrado penal cuando no faltaba nada.

Festejo en la cancha y los espectadores, pero el Gordo J no quitaba sus ojos de los tobillos del Garrita, quería asegurarse si era el derecho o el izquierdo- «Fijate bien Tito cual tobillo es y si lo tiene sano»- le balbuceó nervioso al ayudante que entró a asistirlo con el bidón y el mágico Algispray.

Cuando se dio cuenta que el Garrita se miraba el tobillo derecho que se empezaba a poner rojo y a hincharse, Tito le levantó el pulgar derecho al DT. El árbitro ya había dejado la pelota en el punto penal y el Garrita se pudo reincorporar con la ayuda de Tito. Todos los presentes sabían que el único que podía patear ese penal era el mini crack de Cerro Bajo. Se le acercó el Pecas Juan a preguntarle si podía pegarle el y ahí inmediatamente Garrita dijo «Yo le pego».

La zurda la tenía intacta, pero le dolía muchísimo el tobillo derecho. Se secó las lágrimas que se le escaparon. Reacomodó la pelota, le sacó unos pastitos para que quede cómoda. Recién ahí levantó la vista y vio al arquero vestido de amarillo que se movía para los dos lados de manera histérica. Detrás del alambrado estaba Don Cosme que le apretaba el puño sin emitir sonido, algunos compañeros de la escuela agarrados del alambre, y los murmullos de los testigos de ese momento.

El Garrita ya sabía lo que iba a hacer, sabía donde patear y asegurar el empate y la clasificación. El árbitro dio la orden, llegó a la pelota apoyando el pie derecho al lado de la pelota y le pegó de lleno con la zurda y con todas las fuerzas que le quedaban. A primera vista, el arquero había elegido su palo derecho, la pelota iba con toda la fuerza iba en la otra dirección. Por un instante Garrita la vio adentro, unas fracciones de segundo hasta que escuchó el ruido de la pelota en la base del poste. La pelota salió con mucha velocidad y pasó por toda la línea, por detrás del arquero que estaba vencido ya, y se fue al lateral.

Los chicos visitantes fueron a brazar al arquero y festejaron un triunfo muy difícil y el penal errado que les dio la clasificación al mismo tiempo la eliminación de los chicos del Atlético. El Garrita se quedó arrodillado un rato en el punto penal llorando y recibiendo saludos por parte de propios y rivales, se ahogaba por la angustia hasta que los brazos gordos del DT, que lo llevó hasta el vestuario hablándole al oído para que aceptara que esas cosas pasan y que siempre iba a estar orgulloso de el por haber asumido la responsabilidad de patear ese penal.

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