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AMISTAD, AMOR Y MALBEC.

Paula se servía el tercer vaso de la segunda botella de Malbec en casa de Julieta, su mejor amiga. Mientras le completaba el vaso a su amiga Paula estalló en una risa al recordar una anécdota recordada por Julieta unos minutos atrás y de sólo pensarlo hacía que Paula rompiera en una carcajada así de la nada. Las dos habían estado comiendo y luego tomaron algunas cervezas y los vinos, que no era lo previsto, pero la charla se extendió primero y se hizo necesaria luego.

En el último tiempo se habían conocido mejor entre ellas, a pesar de tener una buena relación de amistad forjada en pocos meses, nunca habían logrado el nivel de intimidad de esa noche. Julieta era una mujer muy joven, pero que había vivido cosas bastantes fuertes en su corta vida, y por primera vez había podido contarlas. Contó sus experiencias amorosas, habló de su familia. La heladera estaba llena de pequeñas fotos de sus integrantes y se los fue presentando uno a uno con una breve historia de cada uno. Ella había nacido y vivido toda su vida en Cerro Bajo.

Julieta habló mucho esa noche, en realidad su característica es la locuacidad, pero esa noche maa que hablar dijo muchas cosas, contó historias que Paula no conocía. Ellas se conocieron pocos días despues que Paula había llegado desde De la Garma a Cerro para iniciar su carrera de veterinaria. Necesitaba cortarse el pelo y cambiar su imagen, así que salió una tarde a caminar por el centro del nuevo lugar y encontró el centro de belleza Cleopatra, un lugar donde trabajan los mejores peluqueros, maquilladoras, manicuras y todo lo relacionado a la estética femenina de Cerro. Julieta fue la primera persona con la que entabló una conversación en el nuevo lugar, y desde ahí mismo ya comenzaron a verse muy seguido.

En una de esas salidas de sábado, Julieta que además de ser la recepcionista en Cleopatra, tocaba la batería, y muy bien. Fue ella la que le presentó a Pablo en el Pub Ciudad Gótica, uno de los más concurridos de Cerro, donde siempre había músicos en vivoy se podía pasar buenos momentos en la noche cerrense. y una de esas noches Pablo y Paula coincidieron en muchos sentidos, fue una atracción mutua, pero que nunca llegó a ser una relación. La cuestión fue la conexión, la química o como se llame que se podía notar apenas se los veía juntos.

Paula se había jurado a sí misma enfocarse en la carrera, por el esfuerzo que hacían sus padres para sostener su estadía y sus gastos en la ciudad, y además porque se lo había propuesto. Solo estudiar hasta recibirse, pero la vida y el amor no piden permiso. Y por unos meses Pablo se transformó en alguien muy especial, a quien veía poco pero extrañaba mucho, y cuando creía estar comenzando a enamorarse descubrió una verdad oculta que derrumbó aquella ilusión de Paula, que se culpaba a sí misma por su vulnerabilidad, pero ya era tarde.

De repente se daba cuenta que mientras hablaba con Julieta lo nombraba en cada anécdota que surgía, y volvía a caer en la frustración de darse cuenta que no podría sacárselo de la cabeza, por eso en el último tiempo se apoyó mucho en la alegría y la incondicionalidad de sua nueva amiga.

Julieta que había tomado bastante pero tenía la conciencia suficiente para observar a Paula y sus anécdotas, su manera de tocarse el pelo y su manera de saborear el vino. En un momento se encontró a si misma mirándola de una manera diferente, le miró la manera de mover los labios al hablar, húmedos por el malbec, se dio cuenta que Paula reía y hablaba y al reirse veía sus dientes frontales apenas separados, y se dio cuenta que la atraía de una manera que hasta ese momento no lo sabía, se dejó llevar y besó suavemente a Paula hasta sentir el Malbec. Paula estaba bastante ebria, pero no se resistió, solo se quedó mirandola unos segundos.

Paula se levantó y mencionó que al otro día debía preparar un par de materias, buscó su cartera y antes de irse se acercó a Julieta y le dijo al oído: – «Acá no pasó nada, estamos muy borrachas, el aire de afuera hasta casa me va a hacer bien, nos vemos», la saludó y se fue caminando hasta su departamento . Julieta quedó un rato sentada repasando la situación pero sin arrepentirse y con una sonrisa se tomó el vaso que quedaba, disfrutando el gusto a malbec y a Paula.

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