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¿A cuánto cotiza un abrazo?

Vivimos tiempos de incertidumbre, de sobreinformación. Escuchamos, repetimos datos fríos, discutimos cifras sin tener fundamentos, en fin, la pandemia que conocimos con el nombre de Coronavirus, inundó nuestro mundo de cada día, invadió nuestras costumbres, algunas buenas y otras no tanto, pero eso es otra historia. Desde ya que la salud es prioridad siempre, a pesar de los dilemas ¿morales? entre aquellos que hablan de dar prioridad a la salud y aquellos que piden medidas para cuidar la salud de los ciudadanos sin que el gobierno de turno olvide de la economía diaria de cada país. No faltan los paranoicos de siempre que buscan y se crean alocadas teorías y hasta llegan a hablar del «nuevo orden mundial», e ideas por el estilo.

Pero la intención de quien escribe estas líneas es ver otras cuestiones que siempre fueron importantes, pero quizás este virus vino a poner de manifiesto a través de la bendita cuarentena , que pese a coartar libertades de manera preventiva es por el bien de todos.

Algunos lo llaman confinamiento, distanciamiento social, distintas denominaciones que le damos a estas recomendaciones de científicos y médicos que pretenden cortar el contagio de esta pandemia que se lleva vidas en gran cantidad día tras día. Ya hemos escuchado de todo tipo de debates, cifras, testeos, achatamiento de curva de contagios, testimonios de científicos, políticos, periodistas, opinólogos siempre listos a dar su parecer sobre el tema que sea, un mal de estos tiempos. Mas allá de lo escuchado, leído y analizado, estamos en condiciones de afirmar (?) que lo que está cotizando en bolsa, por seguir en el lenguaje económico.

En estos días de cuarentena, extendida recientemente, uno tiene tiempo para pensar con lo bueno y lo malo que trae aparejado. La cuestión es que unos días uno puede adaptarse a la monotonía, intentando realizar actividades diferentes, desde leer, escribir, ordenar, mirar pelñiculas, series, pasar el tiempo. Ahí es cuando de repente uno saca la cuenta el tiempo que lleva sin abrazar a alguien fuera de casa. Un acto casi reflejo con el cual nos saludamos con gente muy conocida y vemos a diario, compañeros de trabajo, amigos. Uno cuando lo hacía no lo valoraba, porque lo tenía a mano, no reparaba en eso. Hace bastante que no nos abrazamos, por hacerlo nomás, o por algún gol de nuestro equipo, ese abrazo de gol algo irracional y espontáneo, o ese abrazo con la madre, que dura un poco más, porque hay que reconocerlo, uno siempre vuelve a ese abrazo de mamá, o un abrazo de mi viejo, apretado, seguido quizas de un «cuidate, no seas boludo, avisá cuando llegues , andá despacio», pero siempre en el contexto de ese abrazo que apreta sentimientos. Están los abrazos de los sobrinos que no vemos todos los días, pero que lindos son esos abrazzos de bracitos cortos, pero tan verdaderos. Ni hablar de aquellos que quieran volver a abrazar a sus abuelos, los que están y los que se fueron, pero dejaron ese abrazo tierno, con ese olor a abuelo confidente y abuela compinche. ¿ A cuánto cotizará ese abrazo que estás esperando o ese que extrañas? Cada uno lo sabrá.

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